Un fuerte estruendo de un vidrio roto y alaridos rompieron el silencio de aquella noche fría de Noviembre, la sensación de asfixia invadía a un joven mientras su boca y sus prendas estaban cubiertas de sangre. Tomo lo primero que vio en su habitación, un par de zapatos, dos camisetas y el poco dinero que le daban de mesada, salió corriendo lo más rápido que pudo de su casa sin voltear atrás, la desesperación lo invadía y no lo dejaba pensar, tomo el primer autobús que vio y se fue lejos. El autobús avanzo toda la noche deteniéndose en cada estación, pero sin que el petrificado muchacho moviera un dedo. Estación por estación avanzo, hasta que al llegar a la última estación del recorrido el conductor le pidió al muchacho que se bajara del autobús, el muchacho sin mayor gesto hizo caso y bajo de él, mientras veía como el autobús se alejaba el joven camino sin rumbo el resto de la noche. Sentado en la orilla de la carretera vio como el sol aparecía entre la oscuridad, el muchacho parecía muerto, sus ojos celestes como el mar no tenían ninguna expresión, las ojeras abarcaban casi la mitad de su rostro y su boca sin arrugas daban la sensación de que aquel muchacho jamás había sonreído en su vida. Empezaron a aparecer las primeras señales de vida de la madrugada, buses escolares, las luces en las casas de las personas que empezaban el día, el ruido de los motores encendiendo, pero el permanecía inmóvil, mirando hacia el vacio mientras que en su mente había cierto conflicto que no lo dejaba estar tranquilo, la gente caminaba cerca del muchacho sin siquiera voltearlo a ver, la mañana siempre es apresurada como para preocuparse por los demás. La mañana siguió avanzando sin que el muchacho se moviera, su alma estaba atormentada pero nadie se percato de ello. De repente una leve molestia despertó del trance al muchacho, tenía hambre, no había comido nada desde la noche anterior, el la ignoro por un instante hasta que esa ansia de hambre se hizo muy presente, escabullo un poco la mano en su bolsillo y lo único que encontró fue lo suficiente para comprar quizás una bolsa de manías, emprendió marcha y fue a buscar la tienda más cercana, parecía que el hambre había distraído la mente del muchacho de aquel recuerdo misterioso que lo hacía sufrir hasta que el muchacho en el camino vio hacia un lado, había una casa con las luces encendidas, lo cual era absurdo ya que el sol había salido hace algunas horas, se percato que había una señora que cargaba un bebe en brazos, su rostro parecía cansado pero eso no parecía molestarle. El muchacho se detuvo por un momento, la observo detenidamente y sus ojos se llenaron de lágrimas, no se permitió a sí mismo llorar y continuo avanzando, el aparente recuerdo regreso de nuevo. Cuando menos se dio cuenta estaba parado frente a una tienda, ingreso y se dio cuenta que el dinero que tenia no le era suficiente para comprar nada, así que salió de la tienda decepcionado y la desesperación ya se podía notar en su rostro, tenía hambre y empezó a analizar el momento que salió de su casa, y se pregunto por qué rayos no había tomado más dinero. Se quedo parado frente a la tienda mientras observaba a las personas con la esperanza de que alguien se preguntara si estaba bien, cosa que no sucedió…
Las horas avanzando y el sol se iba poniendo cada vez más fuerte, el muchacho sentía fatiga y desesperación al ver que no sabía que hacer, era un granito de arena en una extensa playa que nadie jamás notaria, al comprender esto tomo la iniciativa y empezó a caminar hacia ninguna parte con la esperanza de encontrar algo o alguien que lo ayudara. Camino aproximadamente 40 minutos y a lo lejos pudo observar una fuente ¡ALELUYA! Grito el muchacho totalmente exhausto, se acerco a la fuente y se observo por un instante, pareció impresionado por un momento, ese rostro que veía no era él, se desconoció totalmente, era un rostro infeliz, a pesar de que toda su infancia había sido un infierno, jamás se había visto con tal rostro, metió las manos en el agua y se refresco la cara un poco. Había un hombre alimentando a las palomas del lugar con un poco de pan, el muchacho se le acerco y le dijo tímidamente:
-Di di disculpe señor… ¿Me podría regalar un pedazo de pan, por favor?
El señor observo al muchacho detenidamente frunciendo el seño y le dijo:
-Ten, tómalo todo.
El muchacho no pudo creer la amabilidad del señor y lo único que le pudo decir con una mirada sin vida y una sonrisa fingida fue: Gracias. El muchacho se alejo del señor y se sentó en un área solitaria del parque donde estaba la fuente a comer su desayuno.
Después de comer se dio cuenta que no podría vivir de la limosna de las personas toda su vida después de haberse ido de su hogar ¿Hogar? Pensó; esa casa no era un hogar para él, jamás lo había sido, a pesar de haber vivido allí un hogar es un lugar donde se es feliz y ese sitio solo le había causado más que angustias desde que lo recordaba, empezó a analizar de principio a fin su vida y siempre llegaba a la misma conclusión de porque su vida estaba siendo tan miserable, lo que lo llevaba al recuerdo de su padrastro. El padrastro se caso con la madre del muchacho meses después de la muerte de su verdadero padre, lo cual sucedió en los primeros años de vida del chico, la madre aparentemente no quería al señor, pero para cerrar parcialmente la herida busco consuelo en otros brazos, brazos que la golpeaban diario a ella, y a su pequeño hijo. El muchacho se levanto de un brinco y golpeo un árbol que estaba a su lado con mucha furia y suspiro ruidosamente, el recuerdo de aquel hombre siempre le provocaba enojo y hasta cierto punto repugnancia. Se volvió a sentar y conto del uno al diez para tranquilizarse pero fue en vano, aquel recuerdo que desde un principio lo atormentaba había vuelto a él y con mucha más fuerza, se sentía inútil, en ningún momento tuvo el valor de defender a su madre o incluso a él mismo, el odio hacia aquel hombre era mucho más grande que su tristeza. Merece pagar todo lo que nos ah hecho, pensó.
El muchacho camino de nuevo sin rumbo pensando que hacer para poder ganar dinero, no tenía el suficiente valor como para poder robarle a alguien y además no se sentiría conforme con ello, el era una persona muy honesta y jamás se perdonaría hacer tal acción, de un momento a otro un auto paso junto a él con la música rebalsando en sonido, el muchacho hizo un gesto de molestia al escuchar que además la música era molesta estaba muy alto el volumen pero en ello recordó algo que a pesar de causarle dolor sabia que podría salvarlo, pero se negó rotundamente a si mismo hacerlo, no podía permitirse regresar al pasado, un pasado que lo hería constantemente. Continuo caminando con la idea de lo que debía pero no quería hacer en su cabeza, tenía que olvidar lo que pasó y seguir adelante pero él no quería sabia que hacer eso le causaría mucho dolor, de repente paso al lado de una tienda de violines, el muchacho estrello el rostro con la vitrina de la tienda, suspiro y se dijo en voz alta: Oh, ¿Papá porque haces que te recuerde tanto?
El muchacho ingreso a la tienda y le dijo al dueño:
-Disculpe, ¿Podría prestarme un violín?
Al hombre le pareció una especie de broma, se echo a reír y le dijo:
-Claro claro, ¿Y no quieres que te regale mi auto también?
El muchacho lo observo con cierto enojo al ver el grado de sarcasmo con el que el hombre le había respondido, pero sabía que debía controlarse si quería conseguir su cometido.
-Señor, estoy hablando en serio, necesito que me preste uno de sus violines, al menos solo para esta tarde y prometo devolvérselo sin ningún rasguño, no poseo el suficiente dinero como para pagarle ni la más mínima parte de lo que valdría uno pero quiero probarme algo a mí mismo y necesito de su ayuda.
El hombre observo al muchacho con una cara burlesca por un instante pero al ver los ojos del joven se dio cuenta que estaba hablando en serio, y le dijo:
-Muchacho ¿Tú crees que esto es un juego? No puedo ir y regalar mis violines como si fueran cualquier cosa, no puedo confiar en ti, un completo extraño y darle uno de mis violines por el resto de la tarde, sería totalmente absurdo.
-Pero no me lo tiene que regalar –Añadió el muchacho- es un pequeño préstamo, tome estos centavos por el resto de la tarde y yo tomare el violín por el resto de la tarde, si me robo el violín jamás volveré a tener esos centavos, centavos que podrían ser mi alimento de algún otro día. –Lo cual no tenía ningún sentido porque con ese dinero no le alcanzaba para nada-
El hombre analizo las palabras del muchacho, le sonrió y le dijo:
-Bueno ya que, es un pedazo de madera que se puede volver a construir, dame esos centavos y vete con el violín, lo quiero a las seis en punto de la tarde ¿Me has entendido?
El muchacho lo miro fijamente tratando de ver si había algún grado de sarcasmo en sus palabras, pero al notar que era enserio lo miro fijamente y con la sonrisa más bella que jamás se haya visto el muchacho se retiro del lugar.
Camino unas cuadras de la tienda y se detuvo, se quito un zapato y lo puso en el suelo, respiro…
Puso el violín en su hombro derecho, tomo el bastón y como el sonido de las aves, el sonido del violín armonizo el tormentoso sonido de la ciudad. Era magnifico, el joven era un superdotado para tocar el violín, el sonido hacia que las personas se armonizaran y estuvieran en paz consigo mismas, mientras que en la mente del joven violinista solo cabían recuerdos que espinaban lentamente su corazón, solo veía a su madre tirada el suelo con un charco de sangre alrededor de ella la noche que él salió huyendo de su casa por su vida, la sonrisa de su padrastro ebrio al haberla golpeado hasta su muerte, la mirada de su padre que le sonreía mientras le enseñaba a su único hijo como tocar el violín, recuerdos que hacían que su dolor se convirtiera en la más hermosa melodía que el mundo hubiera escuchado, los ojos del joven permanecían cerrados mientras sus manos se desenvolvían en el violín, las personas pasaban y se detenían por instantes o disminuían la velocidad para darle una recompensa al muchacho por su bello talento. Las lágrimas del joven se desparramaban por todo su rostro mientras tocaba la hermosa pieza musical que maravillaba a las personas de alrededor. Acercándose por haber escuchado la armonización de su violín a lo lejos estaba el dueño de la tienda de violines, maravillado al ver el talento del joven que cambio un violín por 5 centavos en su tienda, unas cuantas lágrimas se desbordaron por su rostro al escuchar la bella música que producía el joven.
Cuando el muchacho se detuvo de tocar, se seco las lagrimas y dijo en voz baja: Gracias papá…
Un escándalo de aplausos se impartió en el momento que el joven dejo de tocar, multitudes se acercaron a él para preguntarle cosas o para felicitarle por su gran talento, el zapato del muchacho se desbordaba por las propinas de las personas que pasaron por el lugar y seguía rebalsándose de dinero, un extraño se le acerco al muchacho y le pregunto cómo se llamaba, el muchacho lo miro fijamente con sus ojos celestes brillantes y una sonrisa resplandeciente, y contesto: Me llamo Gabriel. El nombre de su padre.
By: Andrea Alonzo